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por Equipo Chilenoveleros

Adrenalina Lasreinasdelanoche
Pablo-illanes

¿“Adrenalina” sigue significando lo mismo para ti, que hace 25 años? ¿O ese sentimiento ha variado?

Definitivamente. Lo que experimenté cuando escribí fue algo muy visceral, muy del momento y lo más parecido a una pesadilla. Nunca me sentí seguro de tener la capacidad para terminar una teleserie. Ni siquiera para escribir una teleserie medianamente decente. Yo no sabía si iba a ser capaz y si acaso iba a poder terminar el último capítulo. Mucha gente también lo ponía en duda, incluso gente cercana. La sensación que tenía en ese minuto era estar secuestrado. Ahora es una sensación mucho más positiva, que me ha llenado de alegrías. Es una sensación también de vulnerabilidad, porque claramente ya no soy la misma persona ni física ni mentalmente, que era cuando escribía “Adrenalina”, por suerte. No solo ha cambiado radicalmente la percepción que tengo de ese proyecto, sino que de todos los que he hecho. Escribir teleseries siempre tiene que ver con el momento en que lo estás haciendo y ese momento, en mi caso personal, siempre ha sido muy distinto a lo que sucede décadas después, como este caso. Yo no sé qué me va a pasar cuando vea la teleserie de nuevo, porque hace mucho tiempo que no la veo.

Considerando que hace 20 años, Canal 13 repitió por última vez tu historia y hace menos de un año, por su señal del recuerdo, REC TV, en el cable, ¿crees que efectivamente hay muchos elementos de “Adrenalina” que envejecieron mal o no tanto?

Hay muchas cosas que me dan mucha vergüenza de “Adrenalina”. Yo no sé si van a editarlas en el canal o qué. Pero hay algunas tramas que todavía me parece que claramente reflejan a un debutante, a alguien que no tenía las herramientas en ese momento, como para poder hacer algo más profesional. También refleja algo que es como el germen de “Adrenalina”, muy adolescente y que me da un poco de pudor, que es la venganza en los tiempos del colegio. Yo creo que es lo que más enganchó a quienes la vieron, porque desde el punto de vista autoral, ahí se ve lo primero que uno siente, a la hora de reaccionar al primer enemigo que tenía uno en ese momento, que era la autoridad. En términos de contenido, hay unas tramas que son más susceptibles para hoy, que en ese momento. Me acuerdo que hay un pre-final de capítulo o un fin de capítulo, en que Rosario (Sandra O'Ryan) acusa al personaje de Gaspar (Carlos Díaz) de haberse propasado con ella. Tuvimos problemas con eso y hay toda una suerte de cosificación femenina que es parte de la teleserie, y es muy difícil de evitar. Me preocupa también la figura de la colegiala como objeto de deseo. Ya no estamos para enviar mensajes del tipo subliminal al respecto. En el caso de estas colegialas, en particular, me parece que nos pusimos el parche antes de la herida, en ese momento, y creo que todas tenían más de 18 años en ese cuarto medio del Colegio Warrington. Son temas que hoy son mucho más complejos, delicados y difíciles de desarrollar que hace 25 años.

Antes de “Adrenalina”, ¿presentaste otros guiones para canales de televisión?

Había escrito otras cosas antes y hecho películas caseras con mis compañeros de colegio, que habíamos terminado. En televisión, había hecho algo en Extra Jóvenes también, donde comentaba cine. La idea era hacer una área dramática dentro del programa. Era el sueño que teníamos muchos dentro de Extra Jóvenes. Pero nunca se logró. Íbamos a hacer un proyecto con Marcelo Comparini y había escrito un par de capítulos de una serie de superhéroes que nunca se llegó a realizar. Se llamaba “Arraneitor”. Estaba inspirada en una película de los 80, que se llamó “El vengador tóxico”, y Marcelo Comparini era Arraneitor. Creo que esto no lo había contado nunca. Tenía un poco del espíritu que se vio en las teleseries de Mekano: muy bajos presupuestos y haciendo que los mismos animadores cumplieran algunos personajes. Nunca llegamos a grabar nada. Eso era lo único que había hecho antes de escribir “Adrenalina”, que un principio se llamaba “Reinas de la noche”, después “Corazón de plástico”, y al final, “Adrenalina”. Había escrito cuentos y ese tipo de cosas. Pero nunca había presentado proyectos a ningún canal de televisión.

¿Qué te llevó a dejar el periodismo para dedicarte a escribir guiones?

Tenía 20 cuando presenté la teleserie. En ese entonces, yo trabajaba como periodista de El Mercurio. Hice la práctica en la revista Wikén y después pasé a la Zona de Contacto. Trabajé en el diario, como periodista en Crónicas de Espectáculos y reporteé, pensando que era algo que me iba a gustar mucho. Todo esto partió, cuando me mandaron a cubrir el Festival de Viña. Era un evento del que se empezaba a hablar en diciembre, periodísticamente hablando, y era toda una revolución. Yo entré a hacer la práctica en diciembre y en febrero me enviaron junto a un grupo muy selectos de periodistas a cubrir el festival. Era la primera vez que en el diario enviaban a un estudiante en práctica a cubrir. Ahí me di cuenta que el trabajo que hacen los periodistas de espectáculos en el Festival de Viña, es en realidad caníbal. Básicamente, dormir dos horas e inventar contenidos todo el tiempo, porque en ese tiempo los diarios tenían muchas más páginas que ahora. Por diversas situaciones, terminé escribiendo una columna literaria que se llamaba “Desde la terraza” y escribiendo esa columna, el editor un día me manda a preguntarle a Martita Larraechea, que era la primera dama en ese momento, qué le había parecido la primera noche de festival. Llegué a las 3 de la mañana, cuando terminaba el festival, a preguntarle al Backstage, y Martita Larraechea no aparecía. No apareció a los 2 y media, no apareció a las 3, ni a las 4. Ahí me quedé esperándola, hasta que apareció con sus edecanes, su gente y todo. Obviamente ni siquiera le pude preguntar nada, porque todos se tiraron encima. Y en ese momento, como que me iluminé y me dije a mí mismo: “Yo no quiero hacer esto nunca más en mi vida. Nunca más quiero hacer de reportero”. Era algo que me costaba muchísimo, porque nunca fui muy patudo, ni como entrador, en el fondo. Me costaba demasiado el trabajo reporteril, que yo creo que es la clave de un buen periodista. La verdad es que me llevaba súper bien con todo el mundo en el diario y lo pasaba increíble. Era gente muy valiosa, pero yo era el problema, porque no tenía dedos para el piano y la personalidad para emprender esa tarea.

¿Cómo llegas a escribir “Adrenalina” y presentarla a Canal 13?

Precisamente, una compañera del diario había cubierto que José Ignacio Valenzuela empezaba a escribir Amor a Domicilio. Era la primera vez que alguien joven debutaba en las grandes ligas. Ahí vi que se podía, que había una posibilidad concreta. Entonces, mi amiga Carmen Rodríguez, periodista que ahora escribió un libro sobre las teleseries chilenas, me dice: “Tienes que hacerlo. Presenta un proyecto. Tú eres seco para esto y vas a inventar algo”. Siguiendo un poco los consejos de ella, me encerré durante un fin de semana, vi “Grease”, “Clueless”, y me puse a desarrollar una historia sobre cosas que conocía: el colegio. Había leído en alguna parte que lo primero que uno debía escribir, tenía que ser sobre temas que uno manejara. Lo que tenía más a mano, era mi repulsión, repugnancia y horror por los años del colegio, donde lo había pasado muy mal y también muy bien. Pero quería hablar de los años en que lo había pasado mal. Me puse a inventar un poco la historia siguiendo las teleseries que yo había visto. Me acuerdo que lo último que vi fue Ámame. Por eso “Adrenalina” tiene mucho de Ámame. Era la última teleserie de colegio que se había hecho antes de “Adrenalina”. La gran diferencia entre una y otra, es que en Ámame, los personajes adultos son importantes. En “Adrenalina”, no tienen ninguna importancia y eso fue algo consciente y que quería lograr. Que por primera vez los jóvenes fueran los protagonistas y que no nos fijáramos en el mundo de los adultos tanto. Escribí este proyecto que se llamaba “Reinas de la noche”. Llamé por teléfono patudamente al área dramática de Canal 13, diciendo: “Hola. Soy Pablo Illanes de El Mercurio”. Me aproveché un poco del rol que tenía como periodista, porque a la productora del área dramática, que era Nené Aguirre, yo no la conocía personalmente y pensó que era por alguna entrevista o por algo así, y me pasó la llamada. Ahí me la engrupí, no sé cómo, logré una reunión y le pasé el proyecto. Me acuerdo que eso sucedió en abril. Primero me compraron un capítulo, para saber si podía escribir. Ella dijo que le había gustado el proyecto y me dejó con Fernando Aragón, a cargo de los primeros cinco capítulos, que me los pagaron uno por uno. Me acuerdo que tuve que hacer boleta y nunca había tenido boleta en mi vida. Fue todo como debut profesional. Tenía 20 años y no tenía idea de nada. Con suerte, sabía tomar una micro. Como en octubre, me llama la secretaria del área dramática y me dice que tenemos teleserie, y que Ricardo Vicuña quería juntarse conmigo. Ahí llegaron todos a darme el vamos oficial y fue el momento más feliz de mi vida. Te mentiría si dijera que con los años no me emociona recordarlo, porque, o sea, de partida, yo tenía una certeza que iba a resultar. Sabía que la historia era buena y me autoconvencí de alguna manera, no sé cómo, pero fue como el poder mental y cuando me resultó, sentí emoción por un lado y un tremendo desafío, por el otro. Ahí fue cuando comenzaron los problemas.

¿Recuerdas cómo fue conocer a Ricardo Vicuña?

Cuando lo conocí, me sentó en su escritorio y me dijo que esta era una teleserie que él quería hacer. Me sorprendió lo jugado de Ricardo, porque de los directores de las teleseries de Canal 13, en esa época, él siempre fue el más jugado, atrevido y audaz. De hecho, esa reputación que se hizo como director, le terminó pasando la cuenta, porque fue el primero al que echaron. Siempre le decía a Ricardo que aquí se habían juntado el hambre con las ganas de comer. La teleserie tenía textos súper atrevidos y Ricardo era muy atrevido en términos visuales. Se atrevía a cosas que los demás no, a riesgo de perder la pega o de enfrentarse con quien fuera, cambiaba los actores y era muy defensor de los autores también. Entonces nos llevamos muy bien desde el comienzo. Ese tiempo era muy distinto al contexto que vivimos ahora. El Área Dramática de Canal 13 tenía tres directores: Vicuña, Óscar Rodríguez y Cristián Mason. El problema era que los tres tenían estilos de dirección absolutamente distintos, un gusto por las historias absolutamente distintos y, lo peor de todo, es que les gustaban actores totalmente distintos. Si Vicuña dirigía el primer semestre, un año después no le tocaba de nuevo, sino que a Rodríguez o a Mason. Y, ¿qué hacían? Echar a todos a los que había contratado el director del año anterior y contratar a su gente. Era imposible tener un staff de actores de cada semestre, como sí lo hacía TVN, de manera bastante inteligente, porque eran tres directores. Era prácticamente inaplicable esta idea de los directores que llegaban a cambiar todo lo que se había hecho antes, en vez de construir a partir del éxito o del fracaso que había logrado el semestre anterior y eso fue lo que a la larga terminó resquebrajando un poco a los elencos por un lado y las historias por otro. Es algo muy difícil de entender hoy, porque, de partida, las áreas dramáticas ya no existen, pero tampoco los directores tienen ese poder. Yo siento que los directores ahora son más ejecutores.

¿Qué tantas correcciones y modificaciones le hicieron a tu argumento?

Lo primero que me dijeron era que había un problema con el título, porque “Reinas de la noche” parecía referirse a prostitutas. Había que cambiarlo y yo estaba más o menos preparado para eso. Toda mi vida había visto Canal 13 y sabía que era el canal más cartucho de la tierra, ya que venía de la Pontificia Universidad Católica. Entonces no me sorprendió para nada. El primer capítulo partía en un lugar que se llama Maicolpué, que es una playa al sur de Chile, donde ocurría el accidente de Cathy Winter (Francisca Merino). Hubo que cambiar eso también, porque había que hacerlo en Colombia, ya que el canal tenía una movida con la aerolínea Avianca y con la embajada de Colombia, que básicamente pagaba los primeros cinco capítulos en cash. En esos tiempos también era muy común estas partidas falsas en Tahití, París, o en Nueva York. Al Chascas le tocó Tahití en “Amor a domicilio” y a mí me tocó Colombia. Yo nunca había ido a Cartagena de Indias y aún así cambié la historia que tenía en Maicolpué a Colombia, sin ningún problema. Ricardo también me dijo que habían grupos disidentes dentro del mismo canal que no querían hacer esta teleserie y me dio a entender que Ricardo Miranda era una de esas personas. Esto partió en abril y durante todo ese año hubo trabajo de escritura y de probarme a mí también, en términos de quién era, de dónde había salido, y si iba a ser capaz de cumplir el rol de escribir cien capítulos solo. En ese tiempo, nadie trabajaba mucho en equipo, salvo en TVN. Pero en Canal 13 era muy común el escritor solo, herencia de Sergio Vodanovic, Arturo Moya Grau, Egon Wolff, y de otros grandes dramaturgos, que creo que era el gran plus que tuvo el área dramática de Canal 13.

¿Cómo fue trabajar con el guionista Fernando Aragón asesorando la escritura de los primeros capítulos?

Fernando fue la única persona que conoció el texto original. Yo no sabía cómo escribir, pero pensaba que sí y juraba que me las sabía todas, porque veía muchas teleseries y muchas películas. Pero en realidad, en términos como de página en blanco, Fernando fue quien me aterrizó a cómo asimilar los recursos cinematográficos y televisivos, que sí asimilaba como espectador, para llevarlos a la página en blanco. Me pasaron un millón de anécdotas muy ridículas, cuando empecé a trabajar con el maestro Fernando Aragón. Por ejemplo, después que me recibieron el segundo capítulo, Fernando me dice: “Bueno, ya están los capítulos. Te compramos un capítulo y ahora viene la etapa de “El Peinado””. Yo pensé estúpidamente que tenía que hacer un documento con los peinados de los personajes. Entonces, volví a la segunda reunión con: “Cathy Winter se peina con el pelo hacia un lado, es rubia y no sé qué. Francisca Undurraga se peina no sé qué…” y él se refería a la corrección de los capítulos. Fue una situación muy ridícula y absurda, y como esa tengo millones, porque mi experiencia era nula.

Al conocer solo Fernando el texto original de “Adrenalina”, ¿qué cosas notó en tu proyecto, que finalmente no se vieron en pantalla?

La dureza de las relaciones entre jóvenes y adultos, que se repite en Fuera de Control, donde hay cierta toxicidad en las relaciones, y aquí, particularmente, en la que sostienen Alexis (Alejandra Herrera) con su padre Walter (Patricio Achurra). Nunca se vio el caos psicológico que tenía el personaje de Alexis. Porque Alexis Opazo se disparó hacia la comedia y eso fue algo en lo que nunca estuve de acuerdo. Alexis tenía momentos de comedia, pero estamos hablando que los máximos referentes de “Adrenalina” son “Grease” y “Clueless”, que fue la película que más vi al momento de trabajar en ese personaje. Pero lamentablemente, Alexis se arrancó hacia la comedia de una manera, en que yo creo que habría que haberla contenido un poco más. Le quitó ese espesor que notó Fernando. En el caso de Cathy Winter también tuvimos un grave problema, porque el personaje en algún momento se quebraba después de la muerte de sus padres y empezaba a asimilar este nuevo rol. Porque la transición de Cathy Winter era igual a la de Sandy de “Grease”: partía como la chica buena y terminaba como la mala. Ahí estuvo presente el juego de espejos, que es un concepto que siempre me ha gustado mucho. Quiero decir que, en el fondo, Alexis y Cathy son el mismo personaje. Las dos son igual de aspiracionales e igual de trepadoras. Ahí hay toda una teoría al respecto, que viene de la película de David Lynch, “Terciopelo Azul”, donde, por ejemplo, el personaje de Kyle MacLachlan y el de Dennis Hopper son el mismo, y eso ocurre también con los roles de Isabella Rossellini y Laura Dern. En ese tiempo, yo tenía millones de pajas mentales y lo único que quería era darle ese espesor que veía Fernando, con ese tipo de referentes. No sabía que me iba a encontrar con este mundo frívolo y terrible de la televisión, donde esas cosas no importan nada. Pero me ayudaba para guiar a la historia y poder explicarles un poco a los actores, y dar a conocer la perspectiva que yo quería darle. Yo siento que la teleserie mostró un lado más luminoso, particularmente en esos personajes, pero no era todo lo que existía. Había un lado mucho más oscuro, en el caso de Cathy Winter, y eso era muy difícil de explicárselo a todo el mundo. Ricardo Vicuña trató de hacer algo más profundo en términos psicológicos, más hacia el final. Cuando entra ya el tema policial, más derechamente, ahí se puso más seria la cosa. Pero al comienzo, todo era muy liviano.

Aparte de “Grease” y “Clueless”, ¿te inspiraste en otros filmes para crear historias y personajes en “Adrenalina”?

Suban el volumen” con Christian Slater, era una película que vi muchísimo. “Heathers”, es otra cinta clásica también al respecto. Hay una película que se llama “Party Girl” con Parker Posey, que también vi muchísimo. Muchas de ellas, llegaron a Chile directo a los videoclubs. Pero fueron súper importantes para la época. El asunto policial de “Adrenalina” tenía mucho que ver con filmes de mafiosos y con el cine que me gustaba ver en esa época, desde “El Padrino” en adelante. Me acuerdo que para el personaje de Chepa Warrington, que era mi favorito, porque soy absolutamente fan de Lucy Salgado, vi muchas películas de los 50 para poder marcar la relación de la diferencia de edad, particularmente una que se llama “La rosa tatuada”, que no tiene nada que ver con la historia de Chepa. Pero la vi para darle un poco de cuerpo a esa relación, a la historia de Chepa con Vicente, que yo quería que fuese en serio, pero que terminó siendo un disparate.

¿Te gusta cómo quedo el primer capítulo, una vez se estrenó la teleserie?

Mezclar la historia de una niña que queda huérfana en la primera escena, con “Baila, baila sin pensar”, no creo que haya sido tan afortunado. No sé si por culpa del guión o de la dirección, pero siento que la amistad entre Francisca (Catalina Guerra) y Cathy, en el primer capítulo, se da muy inmediatamente, y supuestamente, hay un transcurso de tiempo donde pasan aproximadamente seis meses. La idea era mostrar a Cathy viajando por el mundo, tratando de olvidarse de la muerte de sus padres, pero eso nunca se vio. Inmediatamente se mueren los papás y conoce a Francisca, y eso no es así en el primer capítulo original. Todo eso quedó muy mal planteado desde el comienzo. Creo que hizo falta un quiebre en Cathy, durante los primeros capítulos, que le diera profundidad al personaje y que nunca pudo verse al aire. En el texto sí habían algunos momentos más de reflexión y de calma. El problema es que siempre nos piden vértigo y cosas que pasen, cuando se escribe un guión. Pero todo eso siempre atenta contra los momentos de más meditación, de tomar decisiones, o más de conocer al personaje, no por las cosas que hace, sino por lo que siente o piensa. También siento que algo quedó olvidado, cuando pasó la adaptación de este pueblo de Maicolpué a Cartagena de Indias. El público tiene la idea de que lo que sale en pantalla es exactamente lo que uno escribe y eso nunca es así. Uno, por lo general, es el último en enterarse de los cambios que hacen los directores. Eso pasaba en el año 96 y continúa sucediendo el año 2021, exactamente igual. Lo que sale en pantalla, muchas veces, se opone a lo que uno escribió. Es bueno precisar que el control que uno tiene de lo que sale en pantalla, como guionista, es de un 0,001 %.

¿Qué opinión tienes de la pareja protagónica de la teleserie?

Creo que se ven bien en pantalla. Aunque tienen una cosa algo aria, que me molesta un poco desde hoy, que uno de los dos no sea más moreno que el otro. Mirando hacia atrás, siento que “Adrenalina” y Playa Salvaje son teleseries en donde el esquema del triángulo amoroso está más claro y más evidente. Las enseñanzas que yo había recibido por talleres y esas cosas, se notan más las costuras del guión. En el caso de “Fuera de control” y más adelante, nunca más volví a hacer el triángulo tan obvio o tan salido como una estructura de guión. En ese tiempo ni siquiera existía la palabra “coral” y yo creo que “Adrenalina” es una teleserie coral. Desde el guión, la idea podría haber sido reflejar esa coralidad en términos de historia. Cathy es muy protagonista, cuando en verdad no lo es tanto. La historia también es de Alexis, Tamara (Berta Lasala) y Sandra (Aranzazú Yankovic). La historia es de las cuatro y eso no está planteado desde el comienzo.

¿Es cierto que el evidente cambio de personalidad de la heroína de la historia, fue propuesto por la misma Francisca Merino?

No. El arco dramático de Cathy Winter estaba planificado desde el comienzo así. Venía de “Grease” en adelante. Ella lo que hizo fue enfatizar un poco más los momentos de rebeldía de Cathy Winter, porque le salían más fáciles, más sencillos y le quedaba muy bien, además, oponerse con Alexis. Pero eso estaba planteado en el guión desde el primer minuto. Todos los referentes de “Clueless” están ahí, como la transición de una chica ingenua a una víbora. Cathy termina convirtiéndose en una víbora igual que Alexis, de alguna forma.

¿Qué te parece que, generalmente, en tus primeros guiones de teleseries, las protagonistas de tus historias salen del estereotipo de la clásica heroína, al muchas veces no caer totalmente bien al público que sigue la telenovela?

Yo amo el género de las telenovelas hasta el día de hoy. Lo amaba el año 95, cuando empecé a escribir “Adrenalina” y lo amo en la actualidad. Pero si hay algo que aborrezco, detesto y desprecio, son esas heroínas que no hacen absolutamente nada y que se dedican a sufrir todo el tiempo. Por eso el personaje de Cathy siempre tuvo garras y ganas de pertenecer al grupo de las “Reinas de la noche”, y el arco dramático de ese personaje, creo que tiene un grado de comparación con el de Silvana (Úrsula Achterberg) de “Fuera de control”, que es otra heroína que puede caer muy mal y que podía ser una villana a ratos. Muy pocas veces me ha tocado escribir heroínas que son la piedra de tope de algo. El personaje de Valentina Cervantes (Javiera Contador) quizás es lo más parecido a eso, pero ella tampoco era tan víctima, porque tenía algunos elementos que la hacían ser detestable igual. Y en el caso de Cathy Winter todo eso fue muy consciente. Yo quería evitar a la protagonista pava. Eso me pasa incluso viendo películas. Se nota mucho cuando un autor trata de salvar a un personaje y lo redime mediante un recurso. Eso es un elemento muy evidente y la audiencia se da cuenta de inmediato, cuando sucede.

¿Tienes alguna reina de la noche favorita?

Sandra Villagra Möller. Alexis es la favorita de todo el mundo y tiene todo para llamar la atención y dar que hablar. Tamara tenía una historia preciosa y maravillosa, que me parece que tenía hartas vueltas. Pero a mí me gusta el mundo en donde está inserta Sandra, que también es otro personaje que tenía una carga de oscuridad enorme y poseía una relación muy particular con Matilde, personaje de Violeta Vidaurre, porque ella era la madre putativa de Sandra en esta historia. De las cuatro reinas, a Sandra es la que recuerdo con más cariño, por el hecho de que era la única que no pertenecía a ese grupo de chicas frívolas. Era la única que leía y que tenía cierto espesor intelectual. Ella merecía algo mucho más, que ser una reina de la noche.

¿Fue fácil o complejo lidiar los primeros años de tu carrera como guionista, con las propuestas de los actores de un elenco para el desarrollo de sus personajes?

Desde “Adrenalina” en adelante, siempre he concebido el trabajo de producción, no el de escritura, como colaborativo. Creo que el guionista es el que emprende e inicia el trabajo y eso lo tiene que respetar todo el mundo. Respecto al trabajo con los actores, he pasado por todas las experiencias y por supuesto, que podía llegar a ser desagradable. En “Adrenalina”, muchos sugerían cosas que no tenían ningún asidero con la vida real. Habían algunos más complicados que otros, quienes estaban acostumbrados a hacer y deshacer dentro del canal, y de ese tipo hay siempre en todos los elencos. A los más jóvenes, a veces los escuchaba y a veces no. Pero yo no podía decirle que no a Lucy Salgado, cuando se le ocurría algo y quería hacer esto para la Chepa. Obviamente yo iba y lo escribía, porque era la Lucy Salgado. Lo mismo me pasó en “Fuera de control” con la Nelly Meruane, María Elena Duvauchelle o con Soledad Pérez, a quien consideraba la estrella máxima de Canal 13, en esa época. Eran actrices con las que uno creció, entonces para mí, lo que me sugirieran, era como si mi mamá me lo estuviera pidiendo y no tenía ningún problema en hacerlo. El pecado de todo guionista debutante es tratar a los actores como si todos fueran iguales y no lo son. Son todos absolutamente distintos. Hay actores que llegan al set hablando por teléfono, gritan “¡Acción!” y se convierten en el personaje. Hay otros que se encierran dos horas con velas, haciendo mantra para poder entrar en el personaje. Las dos experiencias son válidas y uno tiene que respetar eso, desde cualquier rol, ya sea como director o guionista. Cuando hice mis películas, me di cuenta que la experiencia de actuar es tan difícil y es tan complejo interpretar a otra persona, que uno debe respetar cuáles son los procesos de cada uno. Pero como también hay procesos de cada actor, también hay momentos donde al actor se le desbarranca la moto y se convierten en máquinas monstruosas de ego, que son capaces de herir susceptibilidades, y ahí uno debe también defender su crío, porque los personajes son tuyos, no son del actor. El actor después se saca el sombrero y va a enfrentar a otro personaje. En cambio, el personaje queda contigo, en tu disco duro, como parte de tu carrera. Defiendo mucho el trabajo de las sugerencias de los actores, pero dentro de ciertos parámetros. A veces el ego habla mucho por los actores y uno tiene que tener el cedazo de la razón muy desarrollado para poder filtrar y eso es lo que cuesta hacer.

¿Hubo reparos o críticas en el equipo, debido al desequilibrio que existía entre la importancia de los personajes jóvenes y los personajes adultos?

Mucho. La experiencia del canal con “Amor a domicilio”, parece que había sido un poco traumática para algunos actores más grandes. Almorzaba junto al Chascas, que me había hecho una bienvenida muy generosa y como tengo buena paila, me había enterado de quiénes eran los conflictivos y quiénes podían estar un poco dolidos, por lo que eventualmente podía pasar. En algunos casos, estaba el tema de que los directores no ayudaban mucho a potenciar a algunos actores. Me acuerdo perfectamente del caso de Violeta Vidaurre, una de las grandes actrices que ha tenido este país, que se quejaba con justa razón, de que la tenían para abrir, cerrar puertas, y servir café. Tratamos en la medida de lo posible de potenciar la relación que tenía con el personaje de Aranzazú Yankovic, pero nunca fue como tenerla en primera línea o en un rol importante. También pasó con Soledad Alonso, que era otra de mis actrices favoritas de la historia, que, si bien tenía su drama importante y propio, era muy difícil tenerla en todos los capítulos, porque era una trama secundaria para una tremenda actriz. Fue difícil y complejo, pero también a partir de ese momento, había que empezar a asimilar de que no todas las historias eran iguales. Los canales de televisión no podían contratar a 34 personas por semestre, sin saber qué historia iban a contar. Eso es absurdo aquí y en todas partes del mundo.

Además de Chepa Warrington, ¿habían otros personajes mayores que te parecían más atractivos?

Me gustaba Elvira, el personaje de Liliana Ross, a pesar de que también salía muy poco. Me hubiera gustado haberla desarrollado mucho más. Creo que, en algún momento, la Lily me lo echó en cara, porque me hice muy amigo de ella y de Hugo Miller esos años, y había una trama que inventamos para su rol, que no llegó a salir. Norma Desmond, le decía yo, que era la protagonista de “Sunset Boulevard”. Ana, el rol de Sandra Solimano, era otro que aparecía después y que llegaba a revolucionarlo todo. Ahora que recuerdo, la trama de Esteban, personaje de Cristián Campos, y Renata de Liliana García, era súper bonita y muy entretenida. Me desgasté un montón tratando de hacer una trama adulta que tuviera el ímpetu joven y recuerdo que usábamos una canción de Take That, que era un cover de los Bee Gees y cuando los personajes recordaban por separados, sonaba el tema de los Bee Gees, y la canción de Take That, cuando estaban juntos. A diferencia de lo que pasa hoy día, todas las canciones las ponía por texto. Lo que pasa es que en ese tiempo no se pagaban derechos y daba igual. Era entretenido poder armar tu propia banda sonora en el libreto. Hasta “Fuera de control” lo hicimos así. Después ya no.

¿Crees que además de ver a una juventud chilena más auténtica y desatada, en pantalla, “Adrenalina” se impuso en rating por los personajes que contaba, en lugar de la historia?

Sí. Tú puedes tener una estructura perfecta, pero si tienes personajes malos, todo se va a la mierda. En los personajes está la clave, porque la estructura no te va a resolver los problemas, por sí sola. Los personajes sí puede que lo resuelvan. Por ejemplo, puedes tener a los personajes entretenidos leyendo la guía de teléfono y va a ser más divertido, que a “no personajes” leyendo la guía de teléfono.

Este 2021 se cumplieron 20 años del fallecimiento de Lucy Salgado. ¿Cómo fue conocerla y entregarle un personaje como Chepa Warrington, tan distinto a los roles que solía desempeñar en su carrera en televisión?

Chepa Warrington fue el motivo por el cual Lucy Salgado se convirtió en mi actriz favorita de esa y de todas las épocas. Antes de conocerla, la había visto mucho en teatro y en las teleseries. Yo pensaba que ese personaje lo iba a terminar haciendo Ana María Martínez, honestamente. Cuando Ricardo Vicuña me dijo que quería a Lucy Salgado de pareja de Vasco Moulian, pensé altiro en John Waters. Extremó lo que estaba en el texto de una manera muy radical y lo convirtió en una historia que, si bien, yo la había concebido de otra manera, la potenció. Y ahí está un poco el trabajo de Lucy, que era no tenerle miedo a que sus personajes pudieran ser caricaturescos, absurdos o ridículos. Ella en algún momento, me agradeció el personaje de Chepa, porque le gustaba mucho vestirse con ropa buena para los personajes y verse linda en pantalla. Venía de hacer varios personajes populares donde, en el fondo, usaba ropa de bodega. Entonces, que la llevaran al Parque Arauco a comprar ropa para su personaje y que la Chepa, apareciera en el capítulo 5, llegando desde Europa, con chofer y vestida de punta en blanco, para Lucy era maravilloso. A ella le encantaba el personaje, porque decía las barbaridades más horribles y tenía un interés romántico, después de mucho tiempo sin tenerlo, y generaba muchas situaciones. A la Lucy le encantaba hacer de mala y lamentablemente, muy pocas veces tuvo una oportunidad como esa en televisión. El personaje estaba planteado como abuela, desde el comienzo. Chepa tenía 60 años, nunca fue más vieja ni más joven que eso. La idea de la abuela loca siempre me llamó mucho la atención, porque yo me críe con una abuela, entonces quería tocar ese tema de una u otra forma.

¿Cómo fuiste lidiando con las críticas negativas que comenzó a acumular “Adrenalina” tanto dentro como fuera de Canal 13?

El desprecio por “Adrenalina”, empezó mucho antes de que saliera al aire. Cuando empecé a trabajar con Ricardo Vicuña, él venía de algunos fracasos previos como El Amor Está de Moda y Doble Juego. En la industria televisiva de los años 90, nadie decía las cosas a la cara, todo era muy por debajo, y a mí me toca trabajar con Ricardo, y creo que, de los tres directores, era él que había tenido costalazos más visibles o el que tenía un carácter un poco más atrevido. Cuando comenzamos a trabajar juntos, inmediatamente se generaron sospechas de parte de mucha gente, porque había camarillas que apoyaban a director A o B. Yo me daba cuenta porque, a diferencia de lo que pasa hoy y en un acto absolutamente suicida, yo me fui a trabajar en el canal y tenía oficina en Canal 13. En “Adrenalina” y “Playa salvaje”, yo vivía en el canal prácticamente. Hacía mi vida allí adentro, almorzaba, iba al baño, llegaba temprano, me quedaba hasta muy tarde, a veces ya de noche, pero me encantaba y gustaba mucho. Ahora no concebiría la vida así y tampoco se trabaja de esa manera. Pero en ese tiempo sí y era muy necesario hacerlo, porque todo el mundo dudaba de que yo iba a poder terminar la teleserie. Tenía 21 años, era un pendejo y nadie confiaba en que yo iba a tener la capacidad de poder hacerlo, salvo Ricardo, Fernando Aragón y Nené Aguirre. Pero, en general, había siempre observación, sobre todo para lo que estábamos haciendo con Ricardo. Desde un comienzo, el trabajo de mesa fue criticado, al igual que el elenco. Siento que eso siempre fue alimentado por las camarillas que apoyaban a otros directores o por algunos equipos de producción. Sí habían críticas previas y esta idea de que “Adrenalina” iba a ser un fracaso, que para qué íbamos a grabar una ridiculez como esto, etcétera. Nadie me dijo directamente que la historia era mala, pero sí me hacían sentir de que cómo era posible hacer algo semejante, que seguramente iba a tratarse de otra catástrofe dentro de Canal 13. Eso me complicaba muchísimo, porque yo lo único que quería era ánimo, necesitaba que me levantaran, y la única persona que lo hacía era Ricardo Vicuña. Él era súper entusiasta y yo algunos días llegaba al canal comentándole que había escuchado que fulanito dijo que equis actriz estaba muy vieja para tal personaje. Yo me angustiaba terriblemente y vivía un drama quitándole horas a la escritura. Fue horrible darme cuenta que dentro del mismo Canal 13, habían equipos remando para el otro lado. Gente que quería que nos fuera mal. Pero a pesar de todo, me llegaron a gustar mucho las críticas negativas de parte de los medios, hacia la teleserie. Me fascinaban, las escucho ahora y me llenan de orgullo. Es que las críticas, en ese momento, estaban hechas por unas señoras escarmenadas. No era como la crítica de ahora, en que existe Twitter, donde a veces se pueden encontrar criticas más aterrizadas. En los 90, el crítico de espectáculos tenía una figura como en un pedestal y que me dijeran que mi teleserie era insolente, para mí era maravilloso y lo mejor del mundo. O que dijesen que “Adrenalina” era frívola, sí, absolutamente. Exaltaba el hedonismo y era algo absolutamente nuevo, que combinaba con esta ansiedad de mostrar un Chile que ahora sabemos que era absolutamente falso, pero que, en esa época, pensábamos que era verdadero.

Durante la exhibición de “Adrenalina” y con la previa irrupción de guionistas jóvenes al área dramática, Canal 13 solía invitarlos a programas y dedicar minutos en pantalla para entrevistarlos, y eso te pasó a ti, pasando a ser casi una estrella más de la teleserie y causando que te reconocieran en la vía pública. ¿Recuerdas algún impasse que sufriste ese año, mientras daban la teleserie?

Me acuerdo que con Ricardo Vicuña salimos a almorzar a un restaurant, cuando debemos haber ido más o menos en el capítulo 15 al aire y yo debo haber ido en el 20, porque me había atrasado muchísimo. Estábamos sentados junto con otra persona y de pronto, se acerca una señora muy cuica que me putea sin asco, porque su hija de 13 años, le había respondido muy mal, siguiendo una escena de Alexis con su papá. Y Ricardo, que tenía un humor macabro, comienza a recagarse de la risa y yo me había quedado en blanco, porque me estaban insultando a mí. A él no lo reconocían, en cambio yo había salido en la tele hablando de “Adrenalina”. Y esta mujer no paraba y no paraba de reclamar, y tuvieron que intervenir los mozos, para alejarla de nuestra mesa. Sus explicaciones eran muy estúpidas y muy absurdas. Eran al nivel de qué no sabía que hacer con su hija. ¿Y qué podía hacer yo? No podía ir a cuidársela. Esas intervenciones luego comenzaron a hacerse muy común. Una vez iba manejando en Irarrázaval con Macul y una micro se puso al lado, y el chofer de la micro trató de hacerme una encerrona y me empezó a gritar: “¡Tenís cagado el mate! ¡Tenís cagado el mate, hueón!”. Ahí empecé a cachar que a la teleserie la estaba viendo mucha gente y que, por otro lado, no era lo que la mayoría esperaba.

¿Qué otras cosas recuerdas de ese año de tanto trabajo y exposición?

Había dedicado tanto tiempo a hacer otras cosas, que no tenían que ver con la escritura de capítulos. En “Adrenalina” escribí los capítulos, la canción original, las pruebas de cámara del elenco, desde Cathy hasta Jenny (Evelyn Bravo), que era la nana del rol de Liliana Ross. Escribí hasta los textos que dijo el presentador en el lanzamiento de la teleserie. Lo hice todo. Ayudé a Ricardo en la edición, estaba en las escenas en el estudio. Era mi primera teleserie, entonces no me quería perder ninguna etapa. Todo lo hacía feliz de la vida. Después fui abandonando esas otras funciones, pero por eso me atrasé. En “Adrenalina” ya había quedado la escoba con los cortes, las censuras, la polémica, pensaba que me iban a echar y al final no me echaron.

¿Hubo historias o elementos de “Adrenalina”, que se sacrificaron, ante la censura y presión externa, como interna?

La trama de Tamara siempre fue súper polémica. La idea de meterse con el profesor primero, después quedar embarazada del profesor, y por último, casarse con él, nunca le gustó mucho nadie y con todo el escándalo que pasó después, hubo que bajarle bastante, por el tema del profesor metida con la alumna, que era algo que me habían advertido desde el comienzo, que no hiciera esta historia, porque iba a ser muy complicada. Fue difícil, complejo, y una sumatoria de malas decisiones.

Otro aspecto que me llamó mucho la atención, durante “Adrenalina”, fue el personaje de Rafaella, la barwoman española. Me acuerdo que estábamos en proceso de casting y aparece esta mujer estupenda, de metro noventa, con Paolo Salvatore, que era su marido en ese momento y que había sido el cantante favorito de Don Francisco. Él se había casado recientemente el año 95 con Pilar Orive, que había sido Miss Euskadi en España y había llegado a Chile buscando trabajo como modelo en programas de televisión. Empezó a pasearse por Canal 13, nos presentaron a Ricardo Vicuña y a mí, y Ricardo se embaló mucho en tener a extranjeras en la barra de la discotheque. A mí me pareció maravillosa su idea, porque Pilar era súper atractiva y súper simpática. Tenía toda esta cosa española, le encantaba la historia y entendía perfectamente el humor de la teleserie. Pilar Oribe había dicho que no tenía experiencia televisiva ni cinematográfica. Debimos haber ido en el capítulo 50 y la trama de Rafaella ya estaba desarrollada con el personaje de Hernán Hevia y la otra barwoman, cuando de repente, a La Cuarta se le ocurre publicar que Pilar acababa de hacer en España dos películas que se llamaban “Caged women” y “Bambola di carne”, que eran películas italianas de explotación. En ese tiempo, todo el mundo empezó a tratar de conseguirse estas películas para saber qué eran y llegó una orden de arriba de sacar al personaje de Rafaella, porque Pilar había mentido y hecho películas pornográficas, derechamente. Pero, en realidad, no eran pornográficas. Una era sobre cárcel de mujeres, donde efectivamente ella sale desnuda y era una película de explotación, erótica, de los años 80, que casualmente estaba dirigida por un súper buen director. Y la otra era una película un poco más calentona, dirigida por Andrea Bianchi. En Canal 13, no querían que la actriz fuese más al canal. Pero no pudimos cambiarlo, porque yo ya me había puesto al día y estaba casi terminando la historia, entonces el personaje ya estaba desarrollado. Así que ahí, en producción tuvieron que sacarla y ver cómo lo hacían, pero ese fue otro corte radical que hubo con el personaje. Lo que a mí más me llama la atención, es que nadie se preocupó ni siquiera de ver si las películas eran porno o no. Una de las películas había salido en video, entonces el público podía conocerla. En España las cosas eran muy distintas, o sea, actrices como Pilar hacían películas de explotación, eróticas entre comillas, también hacían películas de terror y había mucha más libertad en ese sentido. Pilar se había callado esta filmografía que no tenía nada de pecaminosa u oculta, porque sabía el terreno que estaba pisando, que era el canal más conservador del mundo, probablemente.

¿La censura afectó a que no se pudieran seguir desarrollando los conflictos de algunos personajes?

El único caso que recuerdo es el de Fabián (Guido Vecchiola) con la cocaína, que no pudimos desarrollar como correspondía. Fue un problema grave, porque una parte importante del personaje de Guido, era que agredía a su pareja por su adicción y eso no se entendió. En cuanto a la depresión de Alexis, ahí jugó un poco en contra que la actriz más Ricardo Vicuña armaron algo más liviano, porque por texto era más oscuro. El problema de Canal 13, que dependía de la pontificia, es que no había claridad de lo que se podía mostrar. Por un lado, había una cosa con el sexo antes del matrimonio, que era evidente. Pero además había un tema con la violencia. Entonces, las cachetadas, que son el emblema del melodrama, también eran súper controladas. En esos años, por ejemplo, había visto Trampas y Caretas, y algo que me había entusiasmado mucho ver fue una cachetada doble. Eso traté de replicarlo y meterlo en una escena de “Adrenalina”, pero también me lo cortaron.

¿Consideras que la censura en la ficción chilena sigue funcionando igual que antes?

Censura, como tal, yo creo que ya no existe. Pero sí existe autocensura, que es una forma igual de asquerosa que la censura. Muchas veces uno se martilla los dedos para no presentar algún proyecto o para no dar una idea. Por ejemplo, protagonistas de 60 años o más viejos. En estos tiempos, mejor ni siquiera insistir, porque sabemos perfectamente lo que te van a decir y es una pena y una tristeza profunda. En las primeras teleseries que escribí, actrices como Lucy Salgado, Myriam Palacios, Nelly Meruane, Marés González incluso, tenían roles de peso. Malú Gatica actuó en “Amor a domicilio” y tenía un personaje importante. Yo creo que la última actriz chilena mayor de setenta y tantos años que tuvo un rol fundamental en una teleserie, fue Gaby Hernández en Casa de Muñecos. Pero eso fue excepcional y algo totalmente raro para el contexto en el que estamos trabajando. Creo que es una forma de autocensura también, encausar tu creatividad hacia lo que funciona y no debería ser así. Yo pienso que las grandes ideas no tienen límites, ni trabas, ni represas, y que tienen que desarrollarse como vienen. Creo que la censura como ya la enfrenté en Canal 13, no se ha vuelto a repetir de la misma manera. Sí existe esta otra manifestación que es igual de peligrosa.

¿Qué tanto te afectó la salida de Ricardo Miranda?

No me afectó tanto en lo concreto, ejecutivo, o en el día a día, sino más emocionalmente, porque era inevitable sentirse un poco responsable de su partida. Don Ricardo Miranda siempre fue muy cálido y muy cariñoso, y defensor de las historias. Él estaba feliz de que la teleserie fuese un fenómeno y no le importaba la controversia. Yo creo que ese fue el problema. Pero él sabía perfectamente que, para hacer tortillas, había que romper huevos. Y de alguna forma, “Adrenalina” no fue la primera pelea que había tenido con el cuarto y quinto piso. Esto fue la gota que rebalsó el vaso. Habían tenido problemas con Top Secret, con Marrón Glacé y con casi todas las teleseries del primer semestre por lo mismo. Porque la pontificia exigía rating y era incapaz de transar ni un milímetro de su línea editorial, que era absolutamente ambigua. Era imposible adivinar lo que querían o lo que podían mostrar. En algún momento se interpretaba el sexo como lo único que les molestaba, pero eran un millón de otras cosas.

Piensas que “Adrenalina”, además de tratar de representar de forma un poco más realista la juventud chilena de la época, ¿le inyectó personalidad al género de las telenovelas?

Me parece que sí hubo una inyección de algo. No sé qué fue, pero algo inauguramos en el género, que, por algo, 25 años después seguimos hablando de “Adrenalina”, lo que me parece sorprendente. Si me hubieran dicho en ese momento, que 25 años más tarde iba a estar hablando todavía de Cathy Winter, yo no lo hubiese creído. No me responsabilizo 100% de lo que ocurrió, creo que se lo dije el otro día a Ricardo. Yo creo que él se desquitó en hacer todo lo que no le habían dejado hacer en “Adrenalina” y eso se nota mucho. Lo noto bastante en las escenas hacia el final, por ejemplo, la fiesta de graduación, donde estamos hablando de tiempos, en donde fácilmente habían 200 extras dentro de la discotheque. Hoy eso sería imposible, principalmente porque no hay tanta plata para tener tantos extras y Ricardo los manejaba de una manera magnífica, mandando a los extras al suelo, por ejemplo. Entonces hay todo un manejo de masas que tenía Ricardo, que yo creo que no lo habían dejado desarrollar en otras producciones y aquí, claramente, se reventó y se la jugó por algo que, si tú lo miras hoy, es bien distinto a lo que se estaba haciendo hasta ese momento.

¿Crees que es importante que exista proximidad generacional entre un autor y los personajes principales de su historia, para retratar mejor sus edades o no?  

No sé si sea tan importante la cercanía generacional. Enrique Lafourcade escribió “Palomita blanca”, un poco desafiando a su hijo en un fin de semana. Creo que las experiencias son distintas. En el caso de “Adrenalina”, sí era necesaria cierta cercanía por el momento histórico que estábamos viviendo. A la juventud no se le había visto representada hace mucho rato en televisión, entonces había cierta necesidad de verse reflejado en pantalla. En todo caso, creo que es imposible que se repita algo como lo que ocurrió en “Adrenalina”. Porque estábamos muertos de miedo y era un país absolutamente distinto. Las personas que estábamos haciéndolo tratábamos de hacer algo diferente y había una intención de generar algo nuevo. Frívolo, no frívolo, hueco, no hueco, colorinche o no colorinche. Pero sí teníamos en la cabeza, no hacer el típico triángulo romántico, no hacer la teleserie donde la protagonista sufre durante 100 capítulos o seguir tratando de satisfacer a un público que le había dado la espalda al canal, durante mucho rato. “Amor a domicilio” había sido la única teleserie exitosa de Canal 13, en el último tiempo. Entonces había un antecedente hacia donde ir, que era la juventud y una mirada un poco más fresca, más liviana tal vez, sobre ciertos temas.

Uno de los elementos que más llama la atención al ver la teleserie, es la existencia de roteo transversal. A pesar de que hay sesgo social y clasismo en la historia, en un grado mayor que otro, en algún momento, todos los personajes rotean a otro personaje. ¿Es parte de tu sello o quisiste retratar algo que no se había mostrado antes en las teleseries chilenas?

Siempre me ha parecido horrible el roteo y creo que eso se confirmó un poco en Perdona Nuestros Pecados. Pero en el caso de “Adrenalina”, igual había cierta necesidad de reflejar a la sociedad chilena de ese entonces y la clase de alta de esa época. Francisca Undurraga era la que más roteaba en toda la teleserie y es particularmente, la villana. No sé si lo haría igual o de la misma manera, porque creo que nadie lo hace de una manera tan evidente y tan asquerosa. Pero lo reconozco como una intención de crítica. Lo que más odio de Chile es justamente su clasismo.

¿Qué opinas acerca de cómo quedó el misterio principal respecto a Jack Marshall y la muerte de los padres de la protagonista?

Me gustó la idea de estos estafadores, aunque no estaba concebida así desde el comienzo. Toda esta historia policial fue armada entre los capítulos 1 y 10, en torno al misterio de Jack Marshall y lo que había hecho con los padres de Cathy. Creo que era mucho más simple e involucraba sólo a Alfredo Villagra. Era sólo una estafa simple, sin muertos y Jack Marshall no era tan malo como el que resultó. Creo que Alfredo Villagra quedó bien interpretado por Willy Semler, que era muy duro y estaba atrapado en este misterio.

¿Cómo recuerdas al núcleo del Colegio Warrington?

El núcleo creo que fue lo mejor logrado. La idea del colegio y todo el universo escolar visualmente estaba muy bien planteado, en esa locación inolvidable. Me hubiera gustado tener más personajes dentro del curso, creo que tal vez faltaron miradas, pero en general me parece que cumplió. Igor (Edgardo Bruna) era un personaje en serio, basado en el inspector de mi colegio, y quedó bien, aunque demasiado en clave de comedia.

¿Te inspiraste o basaste en alguna discotheque específica para crear “Adrenalina”?

La discotheque estaba inspirada en varios lugares de la época. La verdad es que no era necesario investigar mucho, porque en ese tiempo era muy bueno para salir.

¿El núcleo de Andrés Betancourt con sus amigos del departamento, estuvo acaso inspirado en la dinámica de la sitcom Friends?

Lo del depto de Andrés no estuvo precisamente inspirado en “Friends”, sino en “Melrose Place”. Me encantaba “Friends”, pero Melrose me gustaba mucho más.

¿Tenías alguna familia de “Adrenalina” preferida?

Me gustaban los Villagra Möller, porque eran más reales. Las demás tendían mucho hacia la comedia, en cambio los Villagra aportaban el lado más dramático, con el tema de la competencia laboral dentro del matrimonio y el mundo de la tv por dentro.

¿Qué opinión merecen los personajes cómicos de la telenovela?

La verdad es que nunca me imaginé la teleserie como una comedia. Yo creo que lo que menos me gusta de “Adrenalina” es el exceso de comedia. Pero estos personajes de apoyo, como la Domitila (María Izquierdo), Mirna (Orietta Grendi), la Raquel (Catalina Saavedra) y el Killer (Guillermo Calderón), creo que le daban frescura al cuento central. Domitila tenía una relación muy especial con Alexis y eso la diferenciaba de los otros personajes, era la única que de verdad la conocía.

¿Hay personajes de la teleserie no muy recordados por el grueso del público que sean tus favoritos?

Creo que Francisca Undurraga era un tremendo personaje que no ha recibido el cariño que se merece. Y Catalina Guerra lo hacía muy bien, a pesar de haber hecho un personaje parecido en “Amor a domicilio”.

Siendo tan joven, en tu primera teleserie demostraste mucho talento a la hora de escribir a roles maduros, especialmente del género femenino, los cuales se veían y sonaban muy reales. ¿Extrañas escribir en televisión personajes como Chepa, Domitila o Antonieta?

Echo mucho de menos escribir a viejas en teleseries. Hace mucho rato que no lo hago. Creo que quedaban muy bien, porque, al criarme con mi abuela, todos los términos que sacaba la Domitila, o la Lidia, la Luna o la Lavinia, salieron de ella. Por eso me quedaban bien, porque tengo muy buena paila para los diálogos, en términos de acordarme de dichos, sobre todo. Me gustaban mucho los refranes y esas cosas.

¿Qué te parece que “Adrenalina” haya sido la primera vez que en una teleserie chilena se dijo la palabra “gay”?

Encuentro maravilloso haber sentado un precedente en ese sentido. Ojalá hubiera sido diez años antes y nos hubiéramos ahorrado los traumas de mucha gente que quiso salir del closet en tiempos de “Morandé con compañía” y Mauricio Flores, encontrándose con el trauma de no haberlo podido hacer. No lo hice conscientemente, para nada. Para mí, el tema era muy natural en esa época. No tenía ningún conflicto al respecto. Eran los 90, por lo tanto, no había mucho cuestionamiento sobre la sexualidad de la persona. Siento que había mucha más libertad en el hecho de no meterse en la vida de nadie, que ahora.

En tus primeros guiones, siempre existían personajes con nombres y apellidos poco comunes en el género y que rozaban lo literario. En "Adrenalina", estaban, por ejemplo, en cuanto nombres: Cathy, Alexis, Jack, Walter, Penélope, Morrison, Glenda, Desiderio, Larry, Mirna, Deborah; y en apellidos: Winter, Betancourt, Warrington, Marshall, Paris, Brown, Taylor, Sachs, Harris, Andrews, etcétera. ¿Algún motivo o razón para incluir nombres y apellidos así de llamativos?

Yo soy muy supersticioso con el tema de los nombres. Para mí, la gente no se llama así porque sí. Me doy muchas vueltas con los nombres de los personajes. Lamentablemente, cuando me fui de Canal 13 a TVN, empezaron a exigirme nombres más comunes y corrientes, y ya no pude nombrar y apellidar a los personajes como hubiera querido. De hecho, en Demente, al personaje de Francisco Pérez-Bannen, le cambiaron el apellido en el set. Nosotros, los guionistas en Chile, cada vez controlamos menos lo que sale en pantalla y eso es una lástima.

¿Cómo surgió el nombre de Alexis Opazo, nombre que no ha vuelto a ser replicado en ninguna teleserie?

Alexis fue nombrada por Alexis Carrington de "Dinastía". La villana más grande de la Tv de los ochenta. Aunque nunca pude ver bien la serie, porque no me dejaban al ser chico, pero me marcó profundamente las escenas que logré ver.

¿Te hubiese gustado ahondar más en la amistad y rivalidad entre Alexis y Cathy?

Creo que eso estaba bastante marcado, pero sí me hubiese gustado potenciarlo un poco más. La intención de profundizar los conflictos de los personajes de “Adrenalina”, se vio enfrentado a la tendencia a alivianar todo hacia la comedia, lo cual a veces jugaba en contra con algunos temas de la teleserie y en algunas tramas, particularmente con lo policial y con la trama de Alexis y Cathy, y la profundización de la psicología de cada una. Yo creo que sí las tenían, no absolutamente conscientes, pero si había una profundización y un lado más oscuro que, lamentablemente, siento que la actuación tendió a obviar y a dejar de lado.

¿Es cierto que Catalina Guerra quedó embarazada en las grabaciones y pensó incorporarse eso al guión, pero como sufrió una pérdida, quedó descartado?

Lamentablemente fue cierto y hubo muchos cambios y muchas modificaciones, e incluso, en algún momento pensamos sacar a Francisca de la teleserie y matarla. Esa perdida fue algo muy lamentable, porque estábamos bastante adelantados, pero alcanzamos a modificar algunas cosas.

¿Cómo surgió la instancia de que co-escribieras la letra de “Atrévete a Amar” junto a Sol Aravena?

Todo lo de “Atrévete a amar” fue muy raro. El productor de “Adrenalina”, Javier Larenas Peñafiel, un día me preguntó si podía escribir unas líneas para la canción de créditos, porque los músicos no conocían la historia. Entonces escribí una letra con una melodía que tenía en la cabeza, apareció la letra de “Atrévete a amar” y se lo pasamos a los músicos donde estaba la Sol, con quien mantengo comunicación hasta el día de hoy. Empezamos a desarrollar esta canción y me di cuenta que tenía cierto talento como letrista, no así, como compositor. Me encantaría escribir canciones, porque creo que es un universo absolutamente maravilloso. Yo creo que “Atrévete a amar” es una de las canciones más recordadas de la historia de las teleseries, lo cual me parece maravilloso. Sí recibo ingresos cada vez que el tema se escucha en una radio, en un evento, en un matrimonio o en una discotheque. Así que sigan poniéndola todo lo que quieran. En el caso de la segunda teleserie, “Playa salvaje”, se trató de repetir lo mismo, pero sin éxito. “Aventura es mi vida” no llegó a tener el suceso de “Atrévete a amar”, pero fue culpa del canal, porque nunca puso la canción en los cortes a comerciales, sino que una cosa horrible que era una especie de cumbia de “Playa salvaje”, que yo creo que no funcionó.

Alguna vez dijiste que pensaste que nunca ibas a poder terminar de escribir “Adrenalina”. Pero lo conseguiste. Y respecto a eso, ¿qué opinas acerca de que Cathy se haya quedado con Andrés y Billy se haya ido solo, llorando al Sur, cuando Andrés engañó a Cathy con su mejor amiga?

Todo ese final de “Adrenalina” lo conversamos muchísimo. Estaba la necesidad de premiar al público y tener un desenlace más o menos feliz. Yo sabía que Andrés Betancourt (Luciano Cruz-Coke) y Cathy Winter se iban a quedar juntos, y que Billy (Juan Pablo Sáez) tenía que llorar y sufrir un poco, porque era, en cierto modo, la víctima de ellos dos. Era el mejor amigo y había sido falso que se quedara con Cathy. Lo que sí peleé muchísimo fue en hacer este anuario final, que me parece que es muy interesante lo que se hizo, porque creo que no se ha vuelto a repetir. Ahí tuvo el apoyo de Ricardo Vicuña, que le encantó la idea y peleó también por hacerlo de esa manera. Creo que las fotos ayudaron muchísimo en hacerlo, porque también es un final en blanco y negro, o sea, muy jugado también en términos de formato, que se pueda hacer algo así. Todo lo del final lo recuerdo con muy poca claridad. Lo único que quería era terminar. Fue tanto así, que yo terminé de escribir y me fui de vacaciones, y ni siquiera vi la teleserie cuando estaba al aire.

¿Cómo tomas el hecho que “Adrenalina” haya calado tan hondo en generaciones que fueron niños o adolescentes en los 90?

Lo tomo como un gran orgullo. Creo que el hecho de que exista una “generación Adrenalina”, para mí, es muy gratificante como autor. Me da la impresión que brindó una influencia seria y verdadera, algo que va a acompañarlos siempre. Es como lo que a mí me ocurrió, cuando vi Los Títeres de chico. Esas influencias no se olvidan jamás, lo cual puede ser muy bueno o muy peligroso.

Después de lo ocurrido con la obra “Reinas de la Noche” el 2016, ¿tienes intenciones de resucitar “Adrenalina”, a través de otro formato con tu productora Arrebato Films?

A partir de la obra de teatro, habían intenciones de hacer cosas con los personajes más adelante. Pero no tengo nada concreto por ahora. Hay algunas ideas y propuestas por ahí, pero por ahora estoy abocado a otras cosas. A ningún tipo de remakes ni nada por estilo.

A exactos 25 años de su estreno, “Adrenalina” vuelve a las pantallas de Canal 13. ¿Cree que logre conectar con la nueva audiencia joven chilena?

Siento que la vuelta de “Adrenalina” a las pantallas de Canal 13 es maravilloso. Es la oportunidad perfecta para que se unan generaciones, que es lo que siempre pasa con las teleseries de nostalgia. Sí siento que hay algunos temas que han pasado de moda y que ahora hay una consciencia sobre las temáticas y sobre la figura de la mujer, que puede que tengan algunas consecuencias al aire. Pero sí hay que entenderla dentro de su contexto, así como pasa con “Yo Soy Betty la fea”, que es muy criticada, pero sigue siendo un éxito. No quiero compararla con “Adrenalina” ni mucho menos, pero creo que es una teleserie que sigue generando cosas, que sigue provocando y que por sobre todo, tiene personajes muy peculiares y muy delirantes, interpretados por súper buenos actores.

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